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_Bosques
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HELP YOU por Miguel Benavent
19-07-10 10:26

la vida te pone el pentagrama, tu mismo pones la mejor melodía

Hace tiempo ya te hablé del movimiento "Help Me", creado por mi amigo el productor musical, zamorano yhombre de bien, Jesús Yanes y en el que hoy colaboran muchas personas vinculadas, de alguna manera, a la música y al medio ambiente. Desde su nacimiento, Help Me ha protagonizado varios eventos musicales encaminados a recaudar fondos para realizar acciones para preservar el medio ambiente, entre ellas, la repoblación de zonas forestales en diferentes partes de España. Hoy quiero explicarte mi asistencia a una de ellas -ahora hace unos días- en la poblacíón de Pontós, en la provincia de Girona, Catalunya.

Reconozco que mi aportación al movimiento "Help Me" hasta la fecha no ha sido tanta como quisiera. Pero la oportunidad de participar en una plantación de árboles en una población cercana a donde vivo me permitía colaborar activamente y poder compartir unas horas con diferentes personas venidas de toda España con un solo objetivo: repoblar de árboles una zona, previamente preparada. Pocas veces en nuestro mundo loco tenemos una oportunidad como esta de sentirnos útiles y, de paso, conocer a personas de todo tipo y condición unidos por un anhelo quizás romántico, pero sin duda digno de elogio. Creo que el mundo necesita discretos eventos como éste y personas dispuestas a gastar unas horas de su tiempo libre para poner remiendos a la imparable degradación de nuestro entorno natural.

 

Llegué al lugar de convocatoria en la mañana del pasado sábado, donde estaban reunidas personas venidas de toda España. Algunos eran artistas y otros, simples amantes de la naturaleza, como yo mismo. Particularmente considero que la vida en la Tierra está sustentada por la interacción -continuada, simbiótica y desinteresada- entre los diferentes habitantes de este planeta. Alli no había más interés que dedicar nuestro escaso tiempo libre a plantar una serie de encinas y robles jóvenes en un campo aledaño a una casa. Con toda nuestra ignorancia de urbanitas, cada uno hizo lo que supo y pudo: cavar una zanja, plantar el pequeño árbol y taparlo con tierra para, después, regarlo para que enraizara en su nueva ubicación. El calor resultaba sofocante, pero varios descansos amenizados con actuaciones musicales de variados estilos lograron que una cierta magia se apoderara del ambiente humano que allí se respiraba. Una cierta espiritualidad fue invadiendo el bosque que nos acogía. Los hoy frágiles y pequeños árboles agradecían los mimos que recibían de nuestras manos -inexpertas- pero las hileras se iban prolongando una a una hasta completar el campo. Una vez finalizada la labor de plantar los árboles, todos los asistentes guardamos silencio para poder oír una melodía que simbolizaba la necesaria interacción del ser humano y de cada árbol en su propio crecimiento...

 

 

Seguramente una acción modesta -aunq